Escrito de Ngen
"No es sólo la inmersión bautismal lo que salva, sino el conocimiento: qué somos, qué éramos, de donde venimos, dónde estábamos y hacia dónde iremos". TEODOTO, Gnóstico S. II.
"No es sólo la inmersión bautismal lo que salva, sino el conocimiento: qué somos, qué éramos, de donde venimos, dónde estábamos y hacia dónde iremos". TEODOTO, Gnóstico S. II.
El gnosticismo (gnosis) no es una escuela única, ni tampoco puede asimilarse a una unidad doctrinaria, aunque sí es posible identificar ciertas líneas comunes a todos los gnósticos. Se trata de una tendencia filosófico-religiosa que toma algunos elementos del platonismo, de Filón, del judaísmo y del cristianismo. Se desarrolló principalmente en Alejandría y Roma durante los siglos II d.C.
Según el gnosticismo, el yo interior viene del reino de la luz y debe regresar a él por la gnosis, transmitida desde lo alto para que el hombre reconozca su actual situación de pérdida de la luz y extravío, y conozca también el camino para retornar a la luz, recuperando así su dignidad perdida y volviendo a su primitivo ser.
Los gnósticos hablan de un Dios desconocido, totalmente trascendente y fuera del mundo. En efecto, según ellos, el mundo fue creado por un ser intermediario, llamado "demiurgo" (identificado generalmente con el Dios del Antiguo Testamento), siendo gobernado por seres especiales llamados "arcontes", siete en total, y relacionados con los siete planetas. De ellos depende el destino del hombre. (De ahí, la importancia asignada a la astrología y al simbolismo de ciertos números: 7, 12, 30, 365, etc.)
Mientras que el mundo y el cuerpo son malos por sí mismos (reino de las tinieblas), el alma viene del cielo y debe regresar al mismo lugar después de la muerte (influencia de la filosofía griega.
1- La posibilidad de ascender a una esfera oculta por medio de los conocimientos a los que sólo una minoría selecta puede acceder por vía de una iluminación no asequible a otros. Conocer esas creencias sería suficiente para salvarse, sin necesidad de una práctica de moral. Cree en revelaciones secretas y en el esoterismo.
2- Mezcla las doctrinas de diversas religiones, cambiando el significado que tenían originalmente según la iluminación gnóstica. Así pretende poseer un conocimiento intuitivo de los misterios divinos superior a la doctrina de la Iglesia Católica. El gnosticismo se parece al New Age moderno en que abarca creencias que van cambiando y aumentando según salen nuevos escritos formando una amalgama con poca coherencia. Tiene gran popularidad porque hoy no menos que en la antigüedad, a muchos les interesa la novedad y no la verdad.
3- Hay dos principios: el buen dios que creó el mundo espiritual y el perverso el cual es responsable por la creación del mundo (la materia y el cuerpo). Nuestro cuerpo, como en el pitagorismo heredado por Platón, era, para los gnósticos, la cárcel en la que estaba presa nuestra alma como consecuencia de una caída original del ámbito del pleroma del que realmente procede nuestra alma. En nuestra liberación de la materia, la iluminación gnóstica era necesaria para lograr la salvación. Yahvé es un Dios del mal, culpable por haber realizado la creación del mundo material.
4- Existe una enorme jerarquía de seres. Las Personas de la Trinidad serían diferentes seres de relativo bajo rango en dicha jerarquía. La divinidad esta compuesta de una multitud de seres espirituales.
El tiempo gnóstico estaba marcado por los envíos de eónes, y gran variedad de niveles cósmicos, muchos de ellos generalmente correspondientes a las esferas celestiales, típicas de la cosmología de aquel entonces.
5- Al creer que la materia es una prisión, la procreación es también vista como algo perverso. Atrapa a las almas inmortales en la cámara de tortura que es el universo. El matrimonio es también perverso porque conduce al sexo.
6- Las mujeres, por su propia naturaleza, son formas de vida espiritualmente inferiores porque son ellas las que encuban a los prisioneros. Ellas cooperan con una diosa que atrapa a las almas inmortales para encarcelarlas en cuerpos humanos. El evangelio gnóstico de Tomás, por ejemplo, dice que las mujeres no pueden salvarse si no llegan a ser como hombres.
7- Jesús no es ni dios ni hombre sino un ser espiritual que solo aparentó tomar cuerpo y vivir entre nosotros para darnos los conocimientos secretos necesarios para liberarnos de la prisión que es nuestro cuerpo. Por lo tanto, nos salvamos al adquirir conocimiento y no por la obra de redención de Cristo. Se trata de auto-divinización.
Jesús estaba asociado al dios bueno. La mayoría creían que Jesús era un auténtico mediador entre nosotros y nuestra verdadera vida, más allá de la materia, en el dios bueno.
8- Niegan la muerte expiatoria de Jesús (ya que no tenía verdadero cuerpo propio y porque no hace falta la redención cuando se tienen los conocimiento gnósticos). Rechazan la resurrección del cuerpo.
Dentro del marco de creencias de los gnósticos, Abraxas es considerado como el dios demiurgo o creador del mundo, sin ser el creador universal, que impulsa y ordena fuerzas contradictorias: lo divino y lo demoníaco, el bien y el mal, la luz y la oscuridad.
Existe, pues, un dualismo radical entre la luz y las tinieblas; Dios y el hombre interior pertenecen a la luz; el mundo, el cuerpo y el demiurgo, a las tinieblas. Como alegoría tanto de Cristo como del diablo, la serpiente contiene y simboliza la más extrema polaridad en que se divide al hombre al descender al mundo material.
La “aritmosofía” (el sistema esotérico que trata del simbolismo matemático de las palabras) indica constantes numéricas que relacionan a Abraxas con las fuerzas cósmicas que regulan el ciclo solar y la posición de los siete planetas conocidos en ese momento. Su imagen, que aparece como amuleto en papiros y gemas de la Antigüedad, representa la unión sagrada y la ambigüedad de nuestra existencia, siendo su poder comparable al principio activo que moviliza a la naturaleza.
El escritor alemán Hermann Hesse dice de él en su novela Demian:“El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Quien quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios es Abraxas”. La creencia de que determinados objetos eran portadores de fuerzas mágicas, capaces de proteger a quien los llevase consigo, estuvo fuertemente arraigada desde el Antiguo Egipto. A estos objetos, se les atribuía el poder mágico de repeler influencias malignas y atraer a las fuerzas benignas. Estos artículos eran muy populares y todo el mundo los usaba, no sólo la secta de los gnósticos basilidianos. Las funciones protectoras de cada amuleto dependían de su material, forma y color, así como de sus inscripciones y dibujos. De hecho, eran tan comunes, que se les ponían a todos los bebés recién nacidos. En estas gemas y papiros, Abraxas aparece como un ser híbrido, mezcla de varios símbolos, una imagen del conocimiento absoluto o Gnosis. Su figura es la de un anguípedo, es decir, un personaje con cabeza de gallo (imagen de la clarividencia y la vigilancia), vestido con una armadura, de la que salen, en lugar de las piernas, dos serpientes curvadas hacia arriba, cada una con su cabeza. Las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio parecen aludir a un simbolismo persa que se refiere a la lucha interior de todo ser humano entre la sabiduría y los instintos.
El escritor alemán Hermann Hesse dice de él en su novela Demian:“El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Quien quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios es Abraxas”. La creencia de que determinados objetos eran portadores de fuerzas mágicas, capaces de proteger a quien los llevase consigo, estuvo fuertemente arraigada desde el Antiguo Egipto. A estos objetos, se les atribuía el poder mágico de repeler influencias malignas y atraer a las fuerzas benignas. Estos artículos eran muy populares y todo el mundo los usaba, no sólo la secta de los gnósticos basilidianos. Las funciones protectoras de cada amuleto dependían de su material, forma y color, así como de sus inscripciones y dibujos. De hecho, eran tan comunes, que se les ponían a todos los bebés recién nacidos. En estas gemas y papiros, Abraxas aparece como un ser híbrido, mezcla de varios símbolos, una imagen del conocimiento absoluto o Gnosis. Su figura es la de un anguípedo, es decir, un personaje con cabeza de gallo (imagen de la clarividencia y la vigilancia), vestido con una armadura, de la que salen, en lugar de las piernas, dos serpientes curvadas hacia arriba, cada una con su cabeza. Las dos serpientes enroscadas en el caduceo de Mercurio parecen aludir a un simbolismo persa que se refiere a la lucha interior de todo ser humano entre la sabiduría y los instintos.
En este sentido, el nombre “Abraxas” es también un símbolo, pues las siete letras corresponderían a los siete planetas conocidos en la Antigüedad y, además, la suma de esas letras da 365 (según la numeración griega de sus letras), es decir, la cantidad de veces que sale el sol en un ciclo anual o las manifestaciones de la divinidad en la realidad terrena.
Las siete letras no representaban sólo a los planetas; también a los siete tonos del heptacordo (lira de siete cuerdas) y las 28 luces de la luna a lo largo del mes.Por eso, otro de los talismanes gnósticos muy usados era el de una gema con las siete vocales grabadas en el cuadrado o en el triángulo mágico.
Esta característica de la divinidad, no sólo tuvo importancia dentro del culto religioso, sino que también parece haber tenido un contenido práctico relacionado con conocimiento sobre los astros y su influencia en las sociedades agricultoras de la Antigüedad. Por ejemplo, en Éfeso, actual Turquía, se encontraron objetos (como figuras talladas en piedras preciosas o metálicas) de sectas cristianas muy primitivas en los anticuarios de los barrios históricos de la ciudad. Estos objetos se asociaron a las sectas gnósticas por las inscripciones grabadas en letras griegas: Iota (“I”), Alfa (“A”) y Omega (“O”). Esta forma del nombre de Abraxas ha sido asociada con el nombre hebreo de dios (Yahveh), porque comparten las mismas letras. Así, la inscripción AIO era utilizada por el culto gnóstico como un amuleto de protección frente a los males que la deidad pudiera provocar, al tiempo que constituía un llamado de protección general para los basilidianos. Esta leyenda -que decía “protégeme- funcionaba como fórmula mágica que los gnósticos escribían en sus joyas y papiros a fin de sortear las calamidades conjuradas por su siniestro y paradójico dios, mezcla de entidad benigna y protectora, a la vez que maligna y dañina. La construcción del hombre integral es una tarea que requiere del reconocimiento, aceptación e integración de los contenidos del inconsciente personal y la participación activa del inconsciente colectivo. Para ello es necesario desafiar la entera personalidad del yo, ya que nadie puede realizar su sombra sin uso de la moral. En efecto tal realización se trata de reconocer como presentes efectivamente los aspectos oscuros de la personalidad. Este acto es fundamental para todo conocimiento de sí mismo y por ello encuentra resistencia considerable, es nuestra labor aplicar el conocimiento transmitido mediante Abraxas para integrar nuestra propia dualidad mediante la gnosis.
Esta característica de la divinidad, no sólo tuvo importancia dentro del culto religioso, sino que también parece haber tenido un contenido práctico relacionado con conocimiento sobre los astros y su influencia en las sociedades agricultoras de la Antigüedad. Por ejemplo, en Éfeso, actual Turquía, se encontraron objetos (como figuras talladas en piedras preciosas o metálicas) de sectas cristianas muy primitivas en los anticuarios de los barrios históricos de la ciudad. Estos objetos se asociaron a las sectas gnósticas por las inscripciones grabadas en letras griegas: Iota (“I”), Alfa (“A”) y Omega (“O”). Esta forma del nombre de Abraxas ha sido asociada con el nombre hebreo de dios (Yahveh), porque comparten las mismas letras. Así, la inscripción AIO era utilizada por el culto gnóstico como un amuleto de protección frente a los males que la deidad pudiera provocar, al tiempo que constituía un llamado de protección general para los basilidianos. Esta leyenda -que decía “protégeme- funcionaba como fórmula mágica que los gnósticos escribían en sus joyas y papiros a fin de sortear las calamidades conjuradas por su siniestro y paradójico dios, mezcla de entidad benigna y protectora, a la vez que maligna y dañina. La construcción del hombre integral es una tarea que requiere del reconocimiento, aceptación e integración de los contenidos del inconsciente personal y la participación activa del inconsciente colectivo. Para ello es necesario desafiar la entera personalidad del yo, ya que nadie puede realizar su sombra sin uso de la moral. En efecto tal realización se trata de reconocer como presentes efectivamente los aspectos oscuros de la personalidad. Este acto es fundamental para todo conocimiento de sí mismo y por ello encuentra resistencia considerable, es nuestra labor aplicar el conocimiento transmitido mediante Abraxas para integrar nuestra propia dualidad mediante la gnosis.
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