A lo largo de la historia, el ser humano a partir de su desarrollo intelectual
devenido de la evolución, ha intentado dominar su entorno usando una diversidad
de métodos y elementos, sin embargo con el pasar de los años hemos ido mutando
a utilizar a otros sujetos como extensiones (aplicando conceptos de Vygotski)
nuestras para satisfacer nuestras necesidades.
El mundo globalizado de hoy en día, sumado a la expansión a
nivel preocupante de ideologías capitalistas, neo liberales y de paradigmas
tecnocráticos, conciben al sujeto como un ser que debe cumplir indicadores
impuestos por el lugar donde preste servicios, por la sociedad e incluso, como
ser humano per se. Ante ello surgen interrogantes como, ¿qué pasa con la fraternidad en la
convivencia humana? ¿dónde queda el sentido de comunidad de la sociedad?
En la actualidad, los contextos están diseñados para obrar, operar y seguir
instrucciones casi autómatas de gente que, probablemente al concentrar poder de
todo índole, no necesita más bienes porque ya los tiene todos. Se trabaja sin conocer al otro, sin ser felices, sin conocer la realidad del
compañero, del vecino, de la vecina, de la gente que está en condiciones de
vida que dejan bastante que desear.
Desde acá, como fraternidad, y de paso, en nuestro rol como profesionales y
jóvenes con sueños e ideales para una sociedad igualitaria, justa, libre y
fraterna (valga la redundancia), creo tenemos la posibilidad de concertar
esfuerzos y ganas para empezar a darle un matiz distinto a la construcción de sociedad:
partiendo desde nosotros mismos, a nuestros espacios locales cercanos y
participando de instancias que nos permitan conversar con las personas, conocer
sus experiencias y ser mediadores entre sus capacidades y el potencial sentido
de agentes de cambio que es cada uno.
La sociedad actual me recuerda a la película Blade Runner: avanzados,
competitivos y con la necesidad de crear ‘super humanos’, llamados replicantes, para desempeñarse en distintos
trabajos. Las características de los replicantes eran que, no poseen sentimientos, sólo
el más avanzado (Nexus 6) vivía cinco años, especialmente diseñados para
producir y eran desechables. Sumado a eso, recuerdo el experimento de Milgram: se medía la obediencia a la
autoridad donde prima el concepto “hicimos lo que nos dijeron”
¿Esa no es acaso, una descripción de la sociedad actual?
No importa si un día llegas tarde al trabajo porque falleció un pariente tuyo;
eso da lo mismo. Importa que no se haya cumplido el contrato y amenazan con
despido.
Para el mundo neoliberal, estamos concebidos como seres prescindibles,
eliminando sueños, concepción de comunidad y empatía.
Tras esto, me gustaría invitar a la reflexión y al debate con cuatro preguntas:
- Desde el punto de vista de los
‘replicantes’, ¿creen que estamos siendo construidos sólo para responder intereses externos por sobre los nuestros?
- ¿Cómo conciben la realidad automática con respecto a estos temas? ¿Es feliz
en sus labores la gente que conocen?
- ¿Cómo pueden aportar ustedes, siendo miembros de la fraternidad Alpha pi
épsilon, a un cambio de paradigma?
- ¿Creen que es necesaria una intervención más ‘abierta’ de la fraternidad para
hacia el mundo profano?
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